martes, 24 de junio de 2025

Cuatro palabras

Cuatro palabras
en un momento crítico
y mi realidad cambió.
Sólo cuatro palabras
y ya no pude,
ni lo intenté,
dejar de pensar en vos.
 
Una vida entera
a partir de ese momento
como la piedra fundacional
de los años que vendrían.
 
Y una promesa
que todos los días se cumple.
Una base
de cuatro palabras
que sólo vos dijiste
pero que yo tomé
y apropié como mías
para cumplirlas también.
 
En aquel tiempo,
con cuatro palabras
y tus besos,
supe que ya no me iría,
no quería vivir
de otra manera.
Nadie, nunca,
me había hecho sentir así:
chiquita y grande a la vez,
débil y fuerte.
 
Esas cuatro palabras
terminaron de convencer
a esta alma oscura
de que teníamos
cosas hermosas por vivir.
Porque, detrás de mi fachada negra
que no quería una familia,
sólo había una chica
que soñaba todos los días
con encontrar al amor de su vida
(ella sabía, en el fondo,
que aún no había llegado).
 
Y la que no quería
un amor empalagoso,
terminó escribiendo cartas
llenas de “te amo”.
La que no quería un compromiso
terminó comprometida
con una vida en común.
La que no quería hijos
tuvo dos hijas maravillosas.
La que no quería nada de nada,
terminó teniendo todo de todo.
 
Solamente
cuatro palabras,
tus besos, tus abrazos,
tu manera de tratarme:
Rendida a tus pies.
 
“Te voy a cuidar”
me dijiste.
Y acá estamos,
veinte años después,
cuidándonos.

domingo, 22 de junio de 2025

Un día de furia

                Alguna vez mi alma va a explotar y voy a tener un día de furia saliendo a gritar cosas que, por decoro, no grito. Un día me voy a cansar de ser la buena y voy a decir todo lo que pienso sin filtros.

               Las veces que sucedió no terminó bien. Las personas no están dispuestas a escuchar lo que no quieren. Las personas no quieren saber lo que los demás piensan de ellas, pero sí están dispuestas a marcar cada cosa que no les gusta.

               Aprendí a callarme la mayoría de las veces. Más por mí que por el resto. Aprendí que mucha gente te pregunta qué opinás y cuando das tu opinión, se enoja. Aprendí a no “ayudar” si no me dejan hacerlo como sé. No negocio hacer las cosas de modo diferente: Sé hacer tal cosa, de tal manera; no me voy a adaptar a tu forma que me da el doble de trabajo.

               A veces, me toman por antipática o poco solidaria. No lo soy. Crecí. Aprendí qué batallas quiero luchar y quiero estar lo más en paz posible.

               De todas maneras, por mi naturaleza mandona, me resulta muy difícil ser sólo espectadora y ver que las cosas no se hacen como yo las haría. Quizás también por eso escribo. Para no tener un arranque de ira y que lo demás piensen que enloquecí sin saber qué siento y sin tomarse el trabajo de preguntármelo.

               Gran parte de mi vida se pasó escuchando y conteniendo a otros, pensando (sintiendo) que el otro tiene que tener de mí una figura amigable. Ya no más. En este preciso momento soy yo la que necesita escucha y contención, pero nadie parece darse cuenta. O a nadie le importa. No lo sé.

sábado, 21 de junio de 2025

Pausa

                Había retomado el proyecto de escribir. Un poco todos los días. Y me sentía plena, libre. Trabajaba en mi emprendimiento y me hacía un rato todos los días para escribir. Llevaba un cuaderno en la cartera y escribía en las esperas de los turnos, por ejemplo.

               Pero hace una semana conseguí un trabajo de nueve horas. Y cuando termino me pongo a trabajar en el emprendimiento, ordeno la casa, preparo la comida, etc. Y ya casi no tengo tiempo de escribir. Me enoja. Mucho. La vida te lleva a necesitar los más altos ingresos que puedas tener para vivir. Y no es que la vida no me deje disfrutar. Disfruto mis trabajos, me gustan. Pero siento que me convierto (otra vez) en una persona que no tiene tiempo.

               No puedo ir a las reuniones del colegio, no puedo asistir en momentos súper necesarios, no puedo escribir en el momento en que me viene la inspiración… A cumplir horario! Y en ese horario, sólo trabajar.

               Estoy intentando, una vez más, rearmar los pedazos, encontrar mi lugar y dedicarme un rato, salirme de la rutina de horarios, no escuchar mi alrededor y agarrar la lapicera y escribir. Al menos hoy, lo logré.

lunes, 16 de junio de 2025

Angustia

                A veces la vida (el ritmo de la vida) me cansa. A veces me canso, de todo y de todos. Pero por alguna razón sigo adelante, como si nada pasara dentro de mí. Me pongo un poco de mal humor, carajeo un rato y listo. Nadie se da cuenta del mar de dudas, miedo, inseguridad y angustia que hay en mi interior.

               Ser mamá y ver tus errores es lo peor que podés sentir. No necesito el consuelo de que lo hago bien a manera, que nadie nace sabiendo ser padre y todas esas frases inventadas para evadir la realidad. NO.

               Yo sé que muchas veces actué de manera impulsiva, que hice muchas cosas que no estaban bien. Y sé que quizás, hice un daño irreparable. También sé que pude pedir disculpas y construir a partir de ahí. Pero la angustia que me genera no se va con nada.

               A veces necesito ponerle una pausa a este rol. Misión imposible de lograr. Entonces, me dibujo una sonrisa y sigo. Como me sale. Y voy al colegio, hago las compras, saco al perro, trabajo… Una angustia galopante…

               La mayoría de las crisis, tomo aire fuerte y exhalo. Unas lagrimitas en la ducha y listo. Pero lo que realmente necesito es un abrazo y llorar. Llorar mucho sin que me pregunten nada.

               Porque es agotador estar siempre bien y hacer que el mundo siga andando. Es agotador querer ser diferente y no poder. Es agotador ver cómo suceden las cosas y que se te escapan de las manos.

               De todos modos, creo, nada es para siempre, no?? Probablemente lo supere, como tantas crisis que sufrí. Las cosas irán sucediendo y esta angustia se convertirá en algo positivo en algún momento.

domingo, 15 de junio de 2025

Como siempre

               Hace muchos días me quejaba de las mariposas que se me aparecían y que no sabía interpretar. Bueno. El lunes apareció una en patio. Nos revoloteó y se paró un rato en el marco de la ventana. Al ratito, suena mi teléfono con una oferta de trabajo que se concretó dos días después.

               “Algún culo va a sangrar” decías cuando la situación era insostenible. Quizás era una forma de decir “Dios aprieta, pero no ahorca”. Pero, claro, si no había una mala palabra no eras vos.

               Encontré finalmente lo que buscaba en las mariposas. La respuesta siempre fue que todo iba a salir bien y que estás ahí cada vez, como siempre.

domingo, 8 de junio de 2025

Cuestión de tiempo

                Vengo de meses de estar desorientada, de no saber qué rumbo darle a mi vida. Hay una parte en la que sí estoy segura. Mi familia es prioridad. Pero hace meses que quiero rumbear para otros lados laboralmente y también quiero conjugar la vida familiar con cosas que me hagan bien a mí.

               Hace meses que vengo pensando qué me dirías, te pido señales. Sé que, de estar aquí y plantear lo que me pasa, me dirías algo así como:

-        Dejá de joder con eso. Ocupate de tus hijas y trabajá.

Probablemente, terminaríamos discutiendo por tu visión tremendista y porque pensarías que mi casa no funcionaría sin mí. Pero en esa discusión, seguro había UNA palabra que quedaría resonando en mí y me marcaría el camino. Hoy NO TENGO IDEA CUÁL ES ESA PALABRA.

Entonces, cuando voy a colgar la ropa, en lo alto de la casa, o cuando manejo sola cual Uber, o cuando todos se van de casa, te pido una señal. Y me diste varias. Pero no estoy sabiendo interpretarlas creo.

Mariposa en el vidrio del auto mientras espero en el semáforo: ¿Me hago Uber? ¿Cabify? Mariposa en la iglesia mientras pensaba en la muerte de Bergoglio y lo feliz que era de adolescente: ¡No tengo idea! Mariposa en la reja de casa: ¡Hola! ¡Quería ver que todo estuviera bien! La más extraña fue la mariposa en el tender mientras pensaba qué hacer…

Hasta estas últimas veces, ver mariposas me daba paz. Estas últimas, me angustiaron. Siempre sentía que andabas cerca. Estas veces también, pero no encontré las respuestas que buscaba. O, quizás, no querías darme una respuesta. Quizás era sólo estar, hacerme sentir que no estoy sola y que lo que decida está bien.

No estoy enojada con vos por eso eh… Estoy enojada conmigo porque siempre supe donde ir y ahora no. Me siento sin guía. Ni siquiera el instinto. Nada. Parada frente a varios caminos y sin saber cuál tomar. Teniendo miedo a equivocarme.

               Supongo que será cuestión de tiempo. Que las cosas van a decantar, caer por su propio peso. Igual, seguí visitándome. Me hace bien que alguna mariposa aparezca en lugares insólitos cada tanto.

domingo, 1 de junio de 2025

La cala que no da flores en enero

                Hace algunos años en cualquier momento del año la planta de Leti florecía. Era una especie de cala que, según mi amiga, no da flores en enero.

               Yo no me caracterizo por ser muy constante con las plantas precisamente. Básicamente, me olvido de regarlas. Me encanta verlas, pero me olvido que están y no las riego. Así que “la cala de Leti” vivió casi diez años a base de agua de lluvia y alguna manguereada cuando baldeaba el patio.

               No daba muchas flores (a mí no me daba) y por momentos parecía que se había muerto. Así es como renació muchas veces, cuando yo empezaba a desviarme o a sentirme agobiada. Y, cuando sentía que no podía más, aparecía una flor.

               El florecimiento coincidía con mis pensamientos a Leti. Todas las veces que pensaba en que si estuviera Leti tomaríamos un cafecito y que me iba a decir que pasaría lo que tenía que pasar, al día siguiente, una flor. Capaz hacía un calor insoportable o un frío tremendo, pero cuando sentía que ya no podía más, aparecía una flor.

               En algún momento dejo de suceder. Supongo que fue en el momento en que empecé a convertirme en una persona más dura e inflexible. La planta se murió y no volvió a revivir. Quedó la tierra seca, con algunos yuyos eventuales. No sé si mi actitud habrá tenido que ver o no, pero extraño eso que pasaba.

               Me gusta pensar que estaba cerca, que esa flor simulaba ese café que quería tomar con ella. Me gusta pensar que se había ido y que me guiaba.

               Y ahora, que me siento perdida, no encuentro la señal de aliento, ni la mano en mi hombro que calma las angustias.

               Una simple flor que me ayudaba un poco. ¿Y si comienzo a regar la maceta con tierra seca?

Cuatro palabras

Cuatro palabras en un momento crítico y mi realidad cambió. Sólo cuatro palabras y ya no pude, ni lo intenté, dejar de pensar en vos.   Una...