A veces la vida (el ritmo de la vida) me cansa. A veces me canso, de todo y de todos. Pero por alguna razón sigo adelante, como si nada pasara dentro de mí. Me pongo un poco de mal humor, carajeo un rato y listo. Nadie se da cuenta del mar de dudas, miedo, inseguridad y angustia que hay en mi interior.
Ser mamá
y ver tus errores es lo peor que podés sentir. No necesito el consuelo de que
lo hago bien a manera, que nadie nace sabiendo ser padre y todas esas frases
inventadas para evadir la realidad. NO.
Yo sé
que muchas veces actué de manera impulsiva, que hice muchas cosas que no
estaban bien. Y sé que quizás, hice un daño irreparable. También sé que pude
pedir disculpas y construir a partir de ahí. Pero la angustia que me genera no
se va con nada.
A veces
necesito ponerle una pausa a este rol. Misión imposible de lograr. Entonces, me
dibujo una sonrisa y sigo. Como me sale. Y voy al colegio, hago las compras,
saco al perro, trabajo… Una angustia galopante…
La
mayoría de las crisis, tomo aire fuerte y exhalo. Unas lagrimitas en la ducha y
listo. Pero lo que realmente necesito es un abrazo y llorar. Llorar mucho sin
que me pregunten nada.
Porque
es agotador estar siempre bien y hacer que el mundo siga andando. Es agotador
querer ser diferente y no poder. Es agotador ver cómo suceden las cosas y que
se te escapan de las manos.
De todos
modos, creo, nada es para siempre, no?? Probablemente lo supere, como tantas
crisis que sufrí. Las cosas irán sucediendo y esta angustia se convertirá en
algo positivo en algún momento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario